Cuando nos enfrentamos con alguna situación, normalmente poseemos cierta cuota de fe. La cuestión es saber de que tipo de fe se trata.
Digo esto porque no son pocas las veces en donde llevamos a cabo determinadas acciones pero lo hacemos sabiendo, en lo profundo (y a veces no tan profundo), que tal acción no la ganaremos, sencillamente lo hacemos porque hay que hacerlo. Lógicamente tal acción no se ve materializada.
Independientemente de lo que pueda suceder, emprender algún camino con una fe positiva y ganadora es una decisión sabia, no solamente porque multiplica la velocidad del logro, sino que aunque tal logro no ocurra (al menos como queremos) la experiencia del intento por si sola ya vale la pena.
Es importante tener una fe ganadora para vivir con alegría.
No hay comentarios:
Publicar un comentario